EL ESPEJO GUARANÍ

Entre las fotografías de su familia había un pequeño espejo decorado por una mujer guaraní. Juan encontró su cara en él y se le fue la mente a toda su vida. No era la primera vez que se veía la cara en un espejo, pero sí era la primera vez que se veía tan mayor y que se remontaba a sus primeros años, preguntándose cómo se había tragado más de setenta años.
“Hubo una época en la que destacaba por mi agudeza mental”, decía Juan, levantando la voz para quien quisiera escucharlo en el Café Libertad 8, concluía, con tristeza, que esa agudeza se le fue disolviendo con los años. Bebía mucho pero se mantenía erguido mientras seguía con sus chupitos de ginebra en sus jarras de cerveza.
“Luis Presti, mi maestro de tercer grado se asombraba de mi memoria”, él, Juan, estaba solo en su mesa, pero cuando quería hablaba en voz alta y nos contaba sus cosas.
“Cuando nos mandó  que escribiéramos una redacción con tema libre me despaché con la visita de la Gran Anna Pavlova, bailarina rusa que llegó a Buenos Aires y bailó en el Teatro Colón”, siguió diciendo Juan.
“El día antes fui con mi madre a la dentista, y en la sala de espera leí lo de la Pavlova. Presti, mi maestro, la leyó y se me quedó mirando como si yo fuera un primo de ET, y llamó a mi madre para que hablaran sobre mí.
Juan estaba muy cómodo en el tercer curso. Le costaba crecer, no participaba de la picardía de los otros chicos. El cuarto curso  le resultó difícil. En el barrio le iba bien, en apariencia, él sentía que todo: jugar a la pelota, correr, pelear, le resultaba muy cansador. Prefería leer y compartir su lectura con su amigo predilecto: Carlitos.
Su adolescencia fue terrible, en el primer curso, con  trece años, se encontró por primera vez con chicas que compartían el curso, su timidez le quitó su  viveza. (Posiblemente atenuó su timidez varios años después jugando a empatar a Don Juan, con bastante éxito).

Así y todo se propuso como Delegado de Primero para el Centro de Estudiantes del Nacional San Isidro. Miraba, prestaba atención  y se callaba. Uno de los mellizos Olivari levantó la mano y pidió la palabra para presentar una moción y dijo: “propongo que se le diga al compañero delegado de primer año que no hable tanto”.
Una de las compañeras de clase, rubia, simpática y linda, le pasó un mensaje, le decía que pasara por su casa para charlar, demoró tres meses en ir y la chica le dijo que ya no le interesaba.
A los 18 años tuvo su primera novia, a los 20 se casaron y a los 5 meses nació su primer hijo. Y tuvo que cambiar de planes y posponer varios proyectos que se fueron posponiendo año tras año y década tras década.-

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